sábado, 18 de septiembre de 2010

Alamedeando


He tardado una hora y tres cuartos de la siguiente en ir de casa del Bixo a la mía (que a veces no es la misma). Una hora y tres cuartos por reloj. En coche.

En realidad en ir de un sitio a otro, en coche, no se tarda más de cinco minutos, más otros cinco en dar la vuelta por Urgencias, a la salud del alcalde, quien no concibe que las avenidas sean de dos sentidos.

En bici se puede echar una media hora, a mi paso, o sea, muy tranquilamente.

A pie nunca lo he hecho, pero me imagino que debe de estar en una hora aproximadamente (a mi paso, dando rodeos, perdiéndome un par de veces y volviendo sobre mis pasos), porque alguna vez he andado caminos similares y eso es lo que he echado.

¿ Entonces ?. ¿ Atasco ?. ¿ Un accidente ?.


NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!

Buscando aparcamiento!!!!!!!

Sí, me harté de buscar aparcamiento. Sí, fui a dejar el coche a otro lugar. Allí tampoco había sitio. Ni en el segundo lugar alejado que se me ocurrió. De camino al tercero tuve suerte, y encontré un sitio. Había pasado una hora y cuarto desde que comencé mi periplo.

El resto del tiempo lo pasé la mitad caminando (rodeando el Polígono Norte, para ser exactos), la mitad en bici (gracias que me queda el Sevici, que me saca de este tipo de apuros).

Ahora mi coche está a varios kilómetros de aquí, pero yo por fin he logrado llegar a mi casa.

Por el camino he tenido que rodear a cientos de capillitas que esperaban el paso de una cofradía. Sí, sé que no es Semana Santa pero ese detalle en Sevilla es indiferente; he tenido que esperar a que niñatos de distintas edades y tribus sociales tuvieran a bien quitarse de la carretera para que pudiera pasar el coche; he tenido que esquivar a borrachos que cruzaban por las avenidas sin mirar, he tenido que obedecer las instrucciones de la policía que cortaba los accesos a la Macarena; he visto como otros aparcaban sobre las aceras, delante de vados o en segunda o tercera fila.

Estoy harta de niñatos, borrachos y de no poder irme a mi casa cuando me apetece porque de todas formas no voy a encontrar aparcamiento hasta una o dos horas después.

Me piro de aquí.

Para los incrédulos:





Se me cuidan.

5 comentarios:

Juanjo dijo...

Hola:vengo a visitarte para agradecerte tu visita y visitar tu casa dandote un saludo fuerte
A veces la gente resulta temendamente agobiante verdad?
Nos estamos leyendo
Besos

Mirta P. Brisa dijo...

Mujer, a mí me gusta Alamedeando y a mí me gusta La Macarena, o sea q lo tengo todo: niñata+borracha!jajaja
Pero, he de decir, q son las desventajas de vivir tan bien situada!! ;)

La_Esperada dijo...

Hola Juanjo!
Estás en tu casa.

Hola niñata! :D
A mi también me gustan, Mirta. Me gusta la Semana Santa, me gustan los conciertos, me gusta beber, me gusta hasta el grupo que tocaba anoche.

Lo que no me gusta es no poder acceder a mi casa. Es distinto venir a divertirse que vivir en medio de la movida, sobre todo cuando curras, madrugas, etc.

Pero bueno, ya se me está pasando el disgusto. Será cuestión de volver a la bici.

Besos!

Augusto dijo...

Es por lo que yo, cuando vivía en la calle feria, tenía una bicicleta que me llevaba y me traía, haga sol o (sigh) lluvia. Porque anda que si tuviera que confiar en el transporte público


En París lo mismo. Hay huelga de metro, huelga de trenes, huelga de autobuses. A mí me da lo mismo, pedaleando que es gerundio, y así incluso me mantengo en forma, a costa, claro está, de jugarme la vida en según qué cruces.

Cada día veo que el coche es un trasto inútil. Insisten en que me vaya a vivir a las afueras de la ciudad, que es más barato. Pero luego veo la fila de coches, y el atasco, y cómo un miserable en bicicleta va sorteando las filas, hop, hop, hop! y es que no me lo pienso dos veces, pagaré más por vivir "intramuros", pero mi calidad de vida no me la paga nadie.

Muchos besos, guapa.

La_Esperada dijo...

Hola Augusto!

Evidentemente la bicicleta es una gran opción. Además te vas a quedar tela de cachas :P

Lo que pasa es que me da palo coger la bici hasta Mairena o hasta Bollullos (donde tenemos los curros).

Besos, parisino!

Amnistía Internacional