lunes 2 de noviembre de 2009

Momentos

¿ Qué es para tí la felicidad ?. ¿ La ausencia de dolor ?, ¿ conseguir tus metas?, ¿ estar a gusto ?, ¿ la emoción de la cresta de la ola ?.


Según lo entiendo yo, hay dos tipos de felicidad. Una es la felicidad estado y tiene que ver con sentirse a gusto con una misma, con no renunciar a los sueños o con hacer lo que a una le gusta. Es relativamente estable en el tiempo y puede pasar desapercibida a las personas que la viven, puesto que la sensación que causa en ellas es como una suave melodía que suena de fondo, de la que podemos olvidarnos si nos concentramos en cualquier otra tarea.


El otro tipo sería la felicidad momento. Al contrario que la anterior, es efímera, pero mucho más difícil de ignorar. Su duración puede variar desde un instante a varias horas y su efecto es tan intenso que nos conmociona.


Hay quien vive plácidamente, concentrad@ en sus cosas, dejándose llevar por la música ambiente y hay quién vive persiguiendo el instante, ese cambio de acorde, sin prestar atención muchas veces al resto de la melodía.

Yo que, al igual que el payaso de Henri Boll, soy coleccionista de momentos, cada vez me entrego más al instante.
Se me cuidan.

martes 27 de octubre de 2009

Sorpresas

Ayer llegó, aunque ha sido hoy cuándo me ha dado la sorpresa.

La esperaba desde la primera vez que la llamé, hace algo más de un año.

Pensé que acudiría mucho antes, pero lo importante es que ahora está aquí, conmigo.

No sé hasta cuándo se quedará, ni cuándo volverá. La única certeza es que pronto volverá a marcharse, pero hoy, recién llegada y aún con los ojos brillantes del primer encuentro, quiero brindar a su salud.

Se me cuidan.

miércoles 21 de octubre de 2009

Las trampas de los números


Esta mañana he tenido el privilegio de asistir a una conferencia del psiquiatra y profesor Luis Rojas Marcos.

En un momento de la conferencia, lanzó un dato sacado de un estudio curioso:

"Cada persona, de media, se enfrentará a lo largo de su vida a dos grandes tragedias".

Esta afirmación, si le concedes credibilidad, sobrecoge. Rápidamente el profesor hizo en voz alta la pregunta que la mayoría de los presentes nos estábamos respondiendo para nuestros adentros.

¿Quién de entre los presentes ha sufrido dos o más tragedias en su vida?.

Aproximadamente entre el 20 y el 30% de los asistentes (de una media de edad de 60 años) levantó la mano. El profesor hizo una broma acerca de que dejaran algo para los demás, que ya tenían el cupo cubierto. Y mi mente voló hacia aquel viejecito que conocí en Conil.




Yo apenas había cumplido los ocho años cuando mis padres me contaron su historia. Los años han hecho que olvide los detalles, pero no su rostro, curtido por el sol y los daños, ni la forma en que la vida se había ensañado con él. Una ristra de muertes prematuras, enfermedades y desdichas conformaban su historia.




Por aquel entonces yo aún no sabía mucho de la vida. Pensaba que la mayoría de la gente era feliz, que de vez en cuándo te podía pasar algo malo, pero que el cómputo solía dar positivo. Aquel pobre hombre había sido una víctima de la probabilidad. El primero del que yo tenía noticia, pero no el último.




Mi padre solía contar una anécdota cuándo alguien le hablaba de estadística. Él la había escuchado a su vez a algún profesor. Y la cosa decía así:

"Érase una vez un profesor que invitó a comer a un alumno. Cocinó dos pollos y antes de servirlos, le dijo:

- Según la cantidad de comida que tenemos y las personas que somos, la media es un pollo por cabeza.




Y el profesor dió cuenta de los dos pollos él solito, sin darle a probar a su pobre alumno ni un mísero bocado. Cuando terminó, le dijo algo así como:


- Ahora yo he comido dos pollos y tú ninguno, pero la media sigue cumpliéndose: la media estadística es que cada uno se ha tomado un pollo.

No sé si el alumno en cuestión captaría la moraleja o si el bienintencionado profesor se murió de un cólico. Pero a mi la anécdota de mi padre, al igual que la historia del anciano de Conil me sirvió para ser consciente de lo que significa la estadística. Una media de dos tragedias por cabeza no significa que todos, ni siquiera que la mayoría, pasarán por esas dos tragedias. Significa que muchos sufrirán más de cuatro tragedias a lo largo de su vida, y que otros tantos no sufrirán ninguna.

Basta con echarle un vistazo al mapa del mundo o a los telediarios para verlo claro.

En qué bando estaremos cada uno es algo que con el tiempo podremos comprobar. Mientras tanto, nos queda disfrutar del tiempo de entreguerras.

Se me cuidan.

Amnistía Internacional