domingo 11 de marzo de 2012

Los otros


En un día tan señalado como hoy resulta difícil hablar de una misma.

He abierto una nueva entrada del blog con la firme intención de escribir sobre el torbellino de tareas, proyectos y planes que se agolpan a mi alrededor.

Hasta que en la TV, que tenía puesta de fondo a la espera de que mostrara algo interesante, ha comenzado el acto de homenaje a las víctimas del 11-M.

Y ahí se ha interrumpido mi egocentrismo.

De pronto ya no puedo hablar de mi y de mis trivialidades. Desde esta ventana al mundo, sólo puedo asomarme hoy para hablar de otros, de los que hoy ya no pueden hablar de si mismos, porque alguien les arrebató sus trivialidades.

No hace falta remontarse 8 años para encontrar trivialidades arrebatadas. Basta con cambiar de canal para toparse con 3 ó 4 barbaridades que se están cometiendo en este mismo momento contra civiles indefensos, contra niños.

Si la noticia dura lo bastante, tras esas imágenes de víctimas y verdugos, podremos intuir otras historias, apenas nombradas: las de aquellas personas que denuncian la injusticia, la de aquellos voluntari@s, cooperantes, reporter@s, médicos y otr@s trabajador@s comprometid@s, empeñad@s en oponer resistencia a la barbarie.

Esos son los imprescindibles.



Seguimos en la lucha.

domingo 4 de marzo de 2012

Sí o sí


"Si llega pronto: se suspenderá;

si se esfuerza demasiado por llegar a tiempo: tendrá que esperar;

si llega con retraso: será demasiado tarde"

< Ley de Murphy >

viernes 10 de febrero de 2012

Cometió dos errores


Para aquellos escépticos que pensaban que el caso Gürtel sólo iba a generar absoluciones, ya tenemos el primer condenado: el juez Baltasar Garzón. Por corrupción, por perseguirla e investigarla sin medida. Por escuchar lo que no debe, por meterse con quien no puede.

Mucho se está escuchando desde que se hizo pública la sentencia.

" Ha sido una sentencia unánime: los 7 miembros de la sala lo han considerado culpable, es una sentencia desideologizada... ".

Claro, se me olvidaba que el Tribunal Supremo es un ente de la pluralidad ideológica donde los haya. Lo será para aquellos que conciben la vida en gris y negro: o lo más rancio del PP o el ala moderada del PSOE, que son los partidos que han elegido a sus componentes.


Sin embargo, quizás la declaración que más me ha impactado ha sido la de Gaspar Llamazares, a través de Twitter (sí, lo tengo en Twitter, igual que a otros políticos de otros partidos con los que puedo simpatizar, es la mejor forma que he encontrado para saber cómo se posicionan ante las cosas): "Diga lo que diga el Tribunal Supremo Garzón es inocente: ni respeto ni acato la sentencia".

Por más que nos pese, la sentencia se ajusta a la ley. Por más que nos pese, el Sr. Baltasar Garzón, que tantas veces ha abanderado la defensa de la justicia, por encima de nombres, políticas y poderes, esta vez se ha saltado la ley. Y no cualquier ley, ha vulnerado, precisamente, el derecho a la mejor defensa posible, uno de los pilares de un estado de derecho.

Es una pena que alguien tan comprometido con sus ideales, tan combativo y tan persistente en sus objetivos como él, caiga. Más allá de una pena, es una tragedia que lo haga por los motivos que lo hace: como escarmiento por meterse con los poderosos. Pero el cómo ha caído, eso no se lo podemos reprochar a los poderosos: ajusticiado por la justicia, pillado en falta y condenado por ello.

Las leyes, especialmente las que protegen nuestros derechos, están ahí para todos. También para él. Qué sería de la ley si pudiéramos establecer excepciones según sobre quién recayera. Qué sería de un estado que por el fin justifica los medios. No hay que hacer mucho ejercicio de imaginación, sería, efectivamente, un régimen totalitario.

Garzón ha luchado de muchas formas distintas contra esos regímenes. No quería dejarse a nadie atrás, y en su camino de rectitud, sin quererlo, se ha llevado a sí mismo por delante. Es una pena, casi una tragedia, pero es lo justo.

En su imparable carrera, por desgracia, y como en aquella antigua película del Oeste, cometió dos errores: uno, meterse con quien no debía; el otro, no rematar la faena.

Con lágrimas en los ojos, respeto y acato la sentencia.


Amnistía Internacional