miércoles, 21 de octubre de 2009

Las trampas de los números


Esta mañana he tenido el privilegio de asistir a una conferencia del psiquiatra y profesor Luis Rojas Marcos.

En un momento de la conferencia, lanzó un dato sacado de un estudio curioso:

"Cada persona, de media, se enfrentará a lo largo de su vida a dos grandes tragedias".

Esta afirmación, si le concedes credibilidad, sobrecoge. Rápidamente el profesor hizo en voz alta la pregunta que la mayoría de los presentes nos estábamos respondiendo para nuestros adentros.

¿Quién de entre los presentes ha sufrido dos o más tragedias en su vida?.

Aproximadamente entre el 20 y el 30% de los asistentes (de una media de edad de 60 años) levantó la mano. El profesor hizo una broma acerca de que dejaran algo para los demás, que ya tenían el cupo cubierto. Y mi mente voló hacia aquel viejecito que conocí en Conil.




Yo apenas había cumplido los ocho años cuando mis padres me contaron su historia. Los años han hecho que olvide los detalles, pero no su rostro, curtido por el sol y los daños, ni la forma en que la vida se había ensañado con él. Una ristra de muertes prematuras, enfermedades y desdichas conformaban su historia.




Por aquel entonces yo aún no sabía mucho de la vida. Pensaba que la mayoría de la gente era feliz, que de vez en cuándo te podía pasar algo malo, pero que el cómputo solía dar positivo. Aquel pobre hombre había sido una víctima de la probabilidad. El primero del que yo tenía noticia, pero no el último.




Mi padre solía contar una anécdota cuándo alguien le hablaba de estadística. Él la había escuchado a su vez a algún profesor. Y la cosa decía así:

"Érase una vez un profesor que invitó a comer a un alumno. Cocinó dos pollos y antes de servirlos, le dijo:

- Según la cantidad de comida que tenemos y las personas que somos, la media es un pollo por cabeza.




Y el profesor dió cuenta de los dos pollos él solito, sin darle a probar a su pobre alumno ni un mísero bocado. Cuando terminó, le dijo algo así como:


- Ahora yo he comido dos pollos y tú ninguno, pero la media sigue cumpliéndose: la media estadística es que cada uno se ha tomado un pollo.

No sé si el alumno en cuestión captaría la moraleja o si el bienintencionado profesor se murió de un cólico. Pero a mi la anécdota de mi padre, al igual que la historia del anciano de Conil me sirvió para ser consciente de lo que significa la estadística. Una media de dos tragedias por cabeza no significa que todos, ni siquiera que la mayoría, pasarán por esas dos tragedias. Significa que muchos sufrirán más de cuatro tragedias a lo largo de su vida, y que otros tantos no sufrirán ninguna.

Basta con echarle un vistazo al mapa del mundo o a los telediarios para verlo claro.

En qué bando estaremos cada uno es algo que con el tiempo podremos comprobar. Mientras tanto, nos queda disfrutar del tiempo de entreguerras.

Se me cuidan.

5 comentarios:

Mirta dijo...

cuando he leído lo de las dos tragedias he pensado en la muerte de dos personas, padre y madre..todo si tragedia es igual a muerte..nu sé

La_Esperada dijo...

La muerte de un ser querido siempre es un duro golpe, una tragedia en sí misma. Pero el estudio excluía ese tipo de tragedias "cotidianas". Imagino que la media entonces se hubiera disparado.

Las "grandes tragedias" excluyen la muerte de un ser querido cuando ésta ocurre dentro del ciclo natural de la vida. Es decir, perder a tus padres durante tu infancia, tu adolescencia incluso, sí sería considerado una gran tragedia; perderlos durante tu propia vejez, aunque doloroso siempre, no se entendería como "gran tragedia".

Sin embargo la muerte de un hijo, casi por definición, sí se trataría la mayoría de las veces de una gran tragedia.

Al menos así se expuso en la conferencia.

Besos!

CJ dijo...

Hola...

juan Ignacio Perugorría. dijo...

A ese primer recuerdo del pobre anciano de piel curtida cual piel marroquí, lo llamaría : ristrina.

A esa idea global de la falsedad de las estadísticas lo llamaría: templo.

A ese señor egoísta que se comió los dos pollos el solo como anciano invidente de lazarillo moderno lo llamaría : egoísta sin escrúpulos.

Al que tuvo más de dos tragedías durante su vida lo llamaría insulso. Yo tengo una tragedia al día. A veces pienso que es la misma que me persigue cuando me levanto por la mañana.Sufrir envejece Pronto tendré el esfínter relajado y el pelo cano.

La_Esperada dijo...

Hola CJ!

A Juan Ignacio Perugorría:

¿Templo?

Amnistía Internacional