miércoles, 23 de febrero de 2011

La sanguijuela de mi niña


La vida de color de rosa dura muy poco. Además, ni siquiera es interesante. Donde esté un dramón, un culebrón púrpura o una historia azul eléctrico, que se quiten las demás.
Afortunadamente, el negro tampoco es la reina del baile. Hay momentos negros, sí, negrísimos. El negro siempre imprime un toque de elegancia en nuestras vidas, no vamos a negarlo. Pero también tenemos que admitir que normalmente el señor aprieta pero no ahoga. Entre otras cosas porque si estuviéramos ahogados ya qué más nos darían los colores.

Así que una llega a su piso de golondrinas y alondras, aún sin bautizar por cierto, aún sin fiesta oficial de inauguración, upsss. Y dice: qué bonitos los pajaritos, qué bonitos los pescaitos, qué bonitas las lámparas de diseño, vamos a encender todos los aparatos eléctricos, vamos a ver la factura de la luz... y a una le da por abrir el sobrecito bomba que envía una señora muy desagradable que se llama Endesa. Y te entran ganas de volver a la edad de piedra.

Así que una está trabajando, sin contrato, dicho sea de paso, sin despacho, tampoco, dale que te pego haciendo llamadas telefónicas a diestro y siniestro y de repente... piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii... el teléfono que nos habían prestado decide que no va a esperar a los 67 para jubilarse. Que ahora es su momento. HOY.

No importa... llamo desde el móvil de empresa... que no tiene cobertura...

Coño acabo de descubrir que mis lindas botias son una mijita asesinas. No te digo... Voy a sacar a la pobre víctima.
Y con mucha probabilidad no me dará tiempo de terminar el trabajo que quiero dejar zanjado antes de irme de vacaciones. Y ahora me faltará algún ingrediente indispensable como por ejemplo el pescado, para hacer el pescado al horno que tengo en mente para la cena.

Pero cuando acabe el día y lo que tenga que estropearse se estropee, lo que pueda salir mal salga mal en la peor combinación posible y los seres vivos del piso caigan en los bigotes de las botias, tengo que retirar el cadáver del acuario, me recuerdo a mi misma, después de todo eso, me iré a la cama... con él.

Termine el día del color que termine, a poco que mi salud me lo permita, por la noche retomaré la lectura de uno de los libros más divertidos que han caído en mis manos. Y en ese momento, sé que me va a importar bien poco la factura de la luz, la falta de cobertura de mi móvil y los demás problemas mundanos que destiñen día a día el rosa de nuestras vidas.

Gracias Cita por la recomendación. No es el mismo libro, pero es también de Christopher Moore, autor al que a partir de hoy leeré siempre que tenga ocasión.

Se me cuidan.

5 comentarios:

Jauroles dijo...

Días de colores... Y ¿sabes? es imposible no ir saltando de un lado al otro del arcoíris... A mí hoy me toco gris. ;P

Besos.

Cita dijo...

A esa señora desagradable también la conozco yo... que asco de mujer

Besos

Cita

La_Esperada dijo...

La gama de grises es muy amplia...

Cita, a ti también te cae mal, ¿verdad?.

Besos!

Augusto dijo...

Un abracitooo? :)

Cristian dijo...

Soy de disfrutar mucho de la literatura y de esta manera me gusta poder leer cosas diversas y de esta manera disfrutar al leer numerosos artículos. Cuando tengo tiempo soy de leer en mi casa a autores nuevos acompañado de la comida que preparo en mi horno.

Amnistía Internacional