miércoles, 16 de junio de 2010

In Memoriam


Recibía visitas de un hermano y de sus sobrinos.
No tenía hijos, nunca los tuvo. Creo que tampoco se casó.

Sin embargo, en los últimos días de su vida, otra residente, que la había confundido con su madre, la trataba como tal.

En la última parte de su vida, por una "confusión" de la mente humana, había podido experimentar algo parecido a la maternidad. Ella nunca llamó "hija" a la residente que sí hablaba de ella como su madre, pero buscaba su compañía. Preguntaba siempre por "la viejita que venía conmigo" cuando la perdía de vista y aguantaba con resignación las broncas de su hija postiza, que la regañaba cada vez que dejaba comida en el plato.
Ella tenía Alzheimer y aunque era incapaz de distinguir si había desayunado o no al instante de haberlo hecho, guardaba aún algunos recuerdos de su vida pasada. Mantuvo hasta el último momento la capacidad de hablar y de razonar, y aunque alguna vez, cuando se desesperaba, confesaba a todo aquel que quería oírla: "esto no es vida", correspondía al más mínimo gesto que los demás tuvieran con ella con sinceras dosis de cariño y una preciosa sonrisa.

Anoche fue su última noche. Sus ojos no han llegado a ver la luz del día de hoy.

Yo estoy triste. Aunque mi mente me dice que es mejor así -y estoy convencida de ello-, mi corazón no escucha.

Se me cuidan.


4 comentarios:

CJ dijo...

Tenía alzheimer, pero a la vez tenía la lucidez suficiente para darse cuenta de que eso no era vida...

Piensa que ahora, por fin, descansa en paz, en la Gloria del Señor, sonriendo para toda la eternidad...

Debemos hacernos fuertes en la adversidad...ya lo sabes...

Un beso

La_Esperada dijo...

Gracias CJ.

Un abrazo.

Córdoba dijo...

A veces se nos van yendo despacito, como si tuvieran que despedirse por partes. Sé que su cariño y su recuerdo se te han quedado en el alma, y eso no puedes perderlo. Un abrazo cariñoso.

La_Esperada dijo...

Un abrazo, Córdoba. Gracias por tus palabras.

Amnistía Internacional