domingo, 6 de diciembre de 2009

La duna de Pyla o hacer el gilipollas subiendo por la arena

(...) Viene de "El trastero"...

" Tal y como habíamos decidido la noche anterior, hoy sería una jornada tranquila, de descanso. La idea era coger fuerzas para emprender la segunda parte del viaje, en dirección a Charte, donde nos aguardaba una de las mayores catedrales de Europa.

Nos dejamos los bañadores debajo y fuimos hasta la famosa duna dando un agradable y breve paseo por un atajo que descubrimos. La cosa de los atajos es que llegas a entradas no oficiales, y las entradas no oficiales no suelen tener escaleras.

Mi hermana y yo nos miramos, miramos hacia la duna de fina arena que se alzaba ante nosotras y ni cortas ni perezosas empezamos a subirla, a pelo.

Mi madre, con la experiencia y sabiduría que la caracteriza, se niega en rotundo.

- Os esperamos arriba - y se va con mi padre en busca de la escalera oficial.

Mi hermana, haciendo gala de los 18 años que la inundan, me adelanta sin dificultades y sigue duna arriba, sacándome varias zancadas de ventaja. Yo la sigo y la increpo para que me espere, con la lengua afuera. Ella lo hace sólo a medias, puesto que cuando logro ponerme a su altura reanuda la marcha, con las pilas cargadas. Ambas nos paramos cada dos o tres metros, pero ella se recupera antes.

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A mitad de lo que creíamos que era la altura total de la duna, una chispa de inspiración cruza mi mente. A unos pasos de mí descubro el comienzo de una linea de arena, un desnivel en la duna, que atribuyo al viento. Diciéndome que la naturaleza es sabia, con los músculos de las piernas cargados y la respiración entrecortada por el esfuerzo, voy en su busca. Aunque supone desviarse un poco del camino recto razono que subier en diagonal, aunque sean más metros, ha de costar seguro menos trabajo.

No me equivoqué. Lo que antes suponía tener que levantar una pierna medio enterrada en arena hasta la altura casi del pecho para volverla a hundir con el paso siguiente, ahora se convierte en caminar un poco en cuesta. Claro que para entonces mis piernas y mis pulmones estaban tan resentidos que no puedo evitar hacer el trayecto que me queda con la lengua afuera, parándome con la misma frecuencia que antes.

Para mi desgracia, la linea diagonal se terminó antes que la duna y tuve que recorrer la escasa distancia que me separaba de mi hermana a pelo. Pero acababa de aprender la primera regla de oro del desierto: "nunca subas una duna en línea recta".

La sorpresa, junto con el pesar, siguió en aumento al descubrir, al llegar a la altura de mi hermana, que aún nos quedaba al menos un tercio de la duna por subir.

Al final llegué a la cima, por la arena. Toda una hazaña que estoy segura no volveré a repetir. 114 metros de duna es mucha duna. No en vano es la más alta de Europa. Entonces lo comprendí.
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Las vistas desde lo alto, impresionantes: bosques a un lado, el mar al otro. Pero mis padres disfrutaron de las mismas vistas con menos sufrimiento."
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Se me cuidan.

4 comentarios:

Cita dijo...

jajaja estas cosas suelen pasar cuando estamos pletoricas (o al menos nos creemos que lo estamos) pero lo bueno del caso es que lo conseguiste!!! jajajaja

besos!!

Mirta dijo...

:)
me tengo k poner al día en tu blog!
y vamos a ver si empezamos a sincronizar las agendas!

La_Esperada dijo...

Pero un poco más y no lo cuento...

Qué tal por BCN, Mirta?

Mirta dijo...

pos en Barna muy bien..con muchas ganas de volver otra vez y de irme a vivir allí..es otro rollo!y lo pasé mu bien cn mis amigotes..
mirta

Amnistía Internacional