jueves, 19 de noviembre de 2009

Profesionalidad

Estaba enfrascada en el ordenador, preparando el seminario de la semana que viene, cuándo de pronto escucho un golpe seco afuera. Seguramente lo hubiera dejado pasar de no ser por la reacción de Hugo, que viene a ser como mi particular sistema de alarma. Se fue para la puerta y se puso a ladrar como cuando algún extraño llama a casa. Tras amarrarlo a él, por lo que pudiera pasar, abr la puerta y me veo a un batallón de bomberos entrando en el edificio. Cojo las llaves (con una experiencia de quedarme sin llaves fuera de casa tengo suficiente) y bajo a ver qué ocurre.

La legión de bomberos se aglutina en torno a la entrada y a la puerta de mi vecina del bajo. Un pensamiento terrorífico se me pasa por la mente mientras ellos forcejean con la puerta.




El atasco de bomberos llega hasta la casa de mi otro vecino del bajo, que como siempre, tiene la puerta abierta y observa atónito la situación, al igual que su visita.

- ¿Qué ha pasado?.

- No lo sabemos. Ha debido de llamar ella.- responden los dos, en el momento en que por fin logran abrir la puerta de la anciana. Entran en tropel y se escuchan más golpes. Ella debe de estar en el suelo porque se escucha cómo la leventan a la de tres.


La legión de bomberos no dejan de entrar y salir desorganizadamente de la casa de mi vecina, formando una auténtica barrera humana que bloquea la puerta.

Le están haciendo preguntas.

- ¿No tiene a ningún familiar?. ¿No le ayuda nadie por las mañanas?.

Siento alivio al escuchar, a lo lejos, la voz de mi vecina, aunque es débil y vacilante. Al menos está viva, aunque debe de estar aún conmocionada. Ellos continuan preguntando, incesantes:

- ¿Quién es María?.

Mi vecino y su visita responden las preguntas de los bomberos, pero nadie los escucha. Los hombres uniformados, ajenos al resto del mundo, siguen interrogando a mi aturdida vecina. Intento acercarme al tapón de la puerta. Le pregunto a uno de los que está fuera qué es lo que ha sucedido y si ella está bien.

El susodicho bombero o similar, melena al viento, se siente ofendido.

- Tenemos personal sanitario. Sabemos lo que hacemos.

- No estoy desconfiando de ustedes.

- Pues parece que sí.

En un intento de pasar por alto su falta de amabilidad me limito a preguntarle si me dejan verla. El profesional me mira con cara atónita, como si le hubiera preguntado si me deja coger un cuchillo jamonero para partirla en dos.

- Es mi vecina. Estoy preocupada.

Hay gente que no capta las sutilezas.

- Ahora no. Cuándo esté más tranquila.

Miro horrorizada al mogollón de hombres fornidos y uniformados que la rodean interrogándola, encadenando una pregunta con otra, en una estancia que no supera los diez metros cuadrados, mientras me pregunto qué entendrá aquel iluminado por tranquilizar a una persona mayor. Creo que lo miré por última vez, llena de rabia, antes de marcharme. La impotencia me impidió decirle nada más.


Subí las escaleras sintiendo cómo una bola de furia me recorría el cuerpo. No se habían molestado en hablar con los vecinos, a los que miraban con desdén. Ninguno de los ocho o nueve hombres que se acumulaban en torno a aquella puerta se había tomado la molestia de bajar de su pedestal de super-hombre-rescatador-de-ancianas-en-peligro para hablar con los simples mortales que compartían edificio con ella. Si lo hubieran hecho hubieran sabido que la persona por la que preguntaban era la sobrina de mi vecina, que junto con su hijo, eran sus familiares más cercanos y los que estaban pendientes de ella. Hubieran sabido que no tiene ayuda a domicilio ni ningún profesional que vaya a su casa por las mañanas. Le hubiéramos podido decir que no es la primera vez que se cae y que teníamos la llave de la puerta.


Se me cuidan.

6 comentarios:

Mirta dijo...

joder, qué historia!!
el no escuchar de la gente es una de las enfermedades del siglo XXI..así va el mundo
espero q tu vecina esté bien

La_Esperada dijo...

Salió de ésta, pero me preocupa que viva sola. Quizás su familia se planteé algo ahora. A ver si mañana puedo hablar tranquilamente con ella.

Besos!

juan Ignacio Perugorría. dijo...

¿Por qué el vecino del bajo tiene siempre la puerta abierta? ¿Saliste en pijama?

La_Esperada dijo...

Jajaja

Mi vecino... Porque está mayor, se mueve en silla de ruedas y teme que le pase algo y nadie se entere.

¿En pijama? Qué va! No suelo usar pijama más que para dormir, y a veces ni eso. Aunque esté en casa si estoy levantada estoy vestida. Casi siempre. :D

Cita dijo...

esto que cuentas es algo tan normal... no lo de tu vecina sino lo de la prepotencia de la gente...
quizá haciendo una sola pregunta a la persona indicada se habrian ahorrado hacer ochomil a tu pobre vecina... ya se encuentra bien??

La_Esperada dijo...

Ahora creo que está pasando unos días en casa de su sobrina. No sé qué pasará más adelante.

Besos!

Amnistía Internacional