viernes, 24 de octubre de 2008

Regalo de cumpleaños

Llegó unos días antes de mi cumpleaños, porque las oportunidades hay que aprovecharlas cuando aparecen y no cuando marca el calendario. Mi hermana me hizo ir hasta el salón, con el pretexto de que viera la limpieza exhaustiva que había realizado allí. Al asomarme ví una bola de pelo canelita que se movía indecisa sobre cuatro patas. Creo que pegué un grito. Sabía que era para mí. La idea de adquirir un perro para llevármelo a Medina había sido mía. La mayoría de la gente se oponía, por el espacio, por mi ritmo de vida... Pero a ella le había encantado, y advirtiéndome que no lo comprara yo, me dijo: ese va a ser mi regalo de cumpleaños. Yo la miré encantada y desde aquel día, cada vez que entraba en casa, me imaginaba que mi hermana me llamaba y me hacía ir a su cuarto, donde una pequeña sorpresa me estaría esperando. Justamente cuando dejé de esperarlo, apareció.


Pasada la emoción inicial, me entró el pánico escénico: ahora tenía una nueva responsabilidad. Un pequeño ser que dependía única y exclusivamente de mí. La idea me sobrecogió, y el hecho de que no me dejara dormir por las noches y el show que armó la primera vez que lo llevé sola en coche, no ayudaron a que el miedo desapareciera.

Creo que fue una de las primeras noches -quizás la primera- que pasamos los dos solos en Medina, cuando supe que nunca me separaría de él. El vínculo se había creado. A partir de ese momento, y durante todo el tiempo que la vida quisiera regalarnos, su vida iría vinculada a la mía y la mía a la suya.

"Es un peluche" es el comentario que más se escucha con respecto a él. La verdad es que tiene una cara muy linda, mu' tierna, que hasta cuando le estás riñendo te cuesta trabajo mantenerte firme y no acariciarlo.



"Es un hijo de puta con cara de tonto", decía Ella, con esa delicadeza que la caracteriza. Es cierto que tiene más de bonito que de bueno. A mi su caso me recordaba a un estudio que nos contaron en clase cuando estaba en la facultad; por lo visto está demostrado que a los niños y niñas guapos, desde bebés, se les exige menos, se les perdona más fácilmente y en general la vida les resulta más sencilla desde el principio. Es un hecho que alguien con una cara bonita tiene mejores cartas en la escuela y en el instituto, de cara a su vida social, sobretodo; pero que los mismos padres fueran más duros con sus propios hijos menos agraciados fue algo que en su día me impactó.

Ahora lo estoy viviendo en mis propias carnes con mi perro. Aparte del hecho del trabajo que me cuesta mantenerme enfadada con él cuando hace algo mal, está la popularidad que ha adquirido en el barrio.

Mi vecina de arriba, que lo adora tanto o más que yo, a pesar de que le ha rasgado algún que otro pantalón, lo saca a pasear o le da una vuelta gustosa cuando yo no puedo. Ahora se está tragando los capítulos de la serie esa del encantador de perros, porque quiere darle una buena educación.

La vecina de abajo, que es una persona mayor, se desgañita llamándolo, en una especie de puja personal para que el perro le haga caso a ella y vaya flechado como loco por las escaleras, antes de hacerme caso a mi, que voy detrás sujetando la correa, concentrada en no caerme. Como el mundo está lleno de desagradecidos, Hugo siempre que tiene la ocasión y conigue bajar las escaleras, en vez de meterse en casa de su admiradora, va derechito a la pierna mala del hombre mayor que vive enfrente, quien al principio temía por su pierna, pero ya ha debido de cogerle el truco porque ahora cuando yo bajo a por él ya lo tiene el hombre perfectamente agarrado y lo acaricia mientras me suplica que no le haga nada al perrito, que sólo busca cariño. Mis vecinos del bajo deben dar por hecho que yo maltrato a Hugo o algo parecido, y que sólo ellos en todo el mundo le dan algo de cariño. No sospechan que en cuanto salimos por la puerta, el perro sale flechado hacia su siguiente víctima: es un hombre mayor también, que permanece sentado bajo la ventana del Badu casi todas las horas que el Badu está abierto, o sea, desde por la mañana hasta por la noche, con un vaso en la mano. Él lo llama "Curro", no sé por qué, y lo adora de la misma forma que mis vecinos. Es al único ser, aparte de a mí -muy de vez en cuando- al que lo veo saludar.

Una vez pasada la frontera de Gaza y Cisjordania, una, que rara vez está sociable por las mañanas piensa: "bueno, ahora podemos estar tranquilos". Pero la tranquilidad dura lo que dura el paseo hasta la siguiente persona que se para con el perro. Los amos de los otros perros te hablan de sus otros perros, algunas personas te explican: "me huele porque huele a mi Toby", otras, las que van paseando a sus propias mascotas, te preguntan: "¿es macho?", "¿cuánto tiempo tiene?"... y después está la mayoría, que simplemente se le queda mirando con cara de "qué lindo es", o lo dicen en voz alta, y aquí el muchacho que se debe a su público, se tira en lo alto de ellos; "quiere jugar..." interpretan, mientras lo acarician y se dejan morder "no te preocupes, no aprieta", me explican, mientras yo me esfuerzo por hacer respetar mi autoridad, que ni perro ni fans reconocen.



- Tiene ansiedad por separación.- me dijo la veterinaria. Era la respuesta a mi consulta de "el perro se porta muy bien cuando está acompañado, sobre todo cuando está conmigo a solas, pero cuando se queda sólo en casa... es un Terminator".


- Ahhh.- respondí yo, como si el término me resultara desconocido.- Y eso... ¿cómo se cura?.- que era realmente lo que me importaba. Básicamente me recomendó inflarlo a pastillas tranquilizantes, si de adulto lo sigue haciendo, porque de cachorro no se puede.

Menos mal que está internet, que tiene el remedio para casi todo. Me metí y esto fue lo que encontré:

- La causa: está hipervinculado con su dueña. U sease, yo.
- El remedio: terapia combinada.
a) dejarte una pasta en juguetitos para que se entretenga.
b) ignorarlo cuando esté con él, fomentarle la independencia.
c) no hacer rituales antes de salir de casa: arreglarte, coger el bolso, chaqueta, llaves, etc.
d) ensayar pequeñas salidas breves ficticias e irlas ampliando poco a poco.

Algo sencillo para alguien solvente económicamente, que no necesite las llaves ni el bolso cuando salga de casa, que pase tanto del perro como para ignorarlo cuando esté con él, pero que lo quiera lo bastante como para pasarse las horas ensayando entradas y salidas ficticias, de a poquito. Y por supuesto, nada de ausentarse para ir a trabajar varias horas seguidas, hasta que el perro se haya acostumbrado a las salidas progresivamente.
Qué bonita es la teoría.

Así que hago lo que cualquier hijo de vecino: lo que puedo.
Aún así, parece que el perro está mejorando. Los juguetes lo entretienen, al menos, los dos primeros días; cojo las llaves un rato antes, a veces ni las suelto, me arreglo progresivamente y procuro ignorarlo, sobre todo cuando acabo de llegar o voy a salir pronto; aunque aún no sé cómo solucionar el tema del bolso. Lo de las salidas progresivas, para mi es pura ciencia-ficción.

Hoy estoy especiamente contenta. Está empezando a hacer sus cosas en la calle -porque mi perro es mu' limpio, no os creais que hace sus necesidades en cualquier sitio: él, aunque se esté reventando, hasta que no llega a su casa na' de na'-, está dejando de dar tirones de la correa (como resultado de un truco, más realista, que encontré en otro foro de internet) y aunque se encuentre con algún desconocido que le mole, si lo llamo se viene para mi en vez de para él.

Ahora por ejemplo, como estoy a punto de salir ni lo miro -una mirada puede ser el paso previo para que inicie otro acercamiento, dice el manual-, pero me muero de ganas de acariciarlo, cogerlo en brazos y darle un achuchón.

Todo sea por su buena educación, y por el mobiliario de Medina.

Se me cuidan.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Ay dios! Pero que animal más bonito!
Tengo que reconocerlo...Estoy deseando ver a ese chucho de nuevo!...Que grande está!Si señor, fue un buen regalo.
Parece mentira que porfin esté escribiendo en tu blog... Quién lo diría...jeje. Bueno, este comentario será breve, otro día me entretengo más, que ahora ya se cómo funciona :p
Desde los madriles, te mando un besazo enorme. Te echo mucho de menos canija! Espero verte pronto, q me debes un billar!. Y cuídate, ya que no estaré allí para cuidarte yo. Besos. Te Quiere, tu enana!

LaEsperada dijo...

Hey canija!
Dichosos los ojos!
Qué raro, y qué guay leerte. ¿Cómo te van las cosas?. Ya mismo estaré por allí dándote el coñazo. :D
Hugo no es un chucho, es... un chuchillo. :)
Por cierto que hay que pegarle un baño ya. Las fotos son antiguas, ahora está más crecidito, aunque parece que tampoco va a ser un caballo.
Estoy bien, no te preocupes que me las apaño, aunque también te echo de menos. Las hermanas mayores tienen que ser las que se vayan por ahí, no las que se quedan esperando a que la enana vuelva o se deje ver por su tierra.
Un besazo y cuidado con Madrid, que engancha!
Te quiere, tu hermana favorita. ;)

Mirta dijo...

wenas, sara.
pos la verdad es k no lo sé. Ya te diré. A ver si hablo cn carmen!

Anónimo dijo...

Un post muy bonito, sí señor. Ojalá fuesemos capaces de hablar así de cada cosa, persona o situacón y no sólo del perro!!

Hoy hablaré con Marta para ver si quedamos para el martes, besos. CJ

LaEsperada dijo...

Bueno CJ, me estaba planteando escribir un post parecido sobre mi lavadora, y me has convencido.
Besos a everyone!

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

Pues nada chica, no te cortes y con confianza, expresa lo q sientes...CJ

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